Bienvenidos una vez más a mi dulce hogar, mi querida colmena. En el post de hoy os hablaré de un tema muy importante dentro de ella: la división del trabajo que realizamos entre las obreras, los zánganos y la reina.
Como ya sabéis, una colmena es una pequeña ciudad con sus propias reglas, normas y funciones. ¡Muy parecida a las sociedades en las que vosotros vivís!
Sin embargo, las abejas destacamos por vivir de una manera bastante más organizada donde la división del trabajo es clave.

Las abejas que principalmente llevamos a cabo toda esta labor somos las obreras. Es por esto que estamos todo el día sin parar, cuidando, alimentando y protegiendo a las crías, construyendo paneles, limpiando las celdas, defendiendo que nadie entre en nuestro hogar o consiguiendo alimento del exterior.

En la primera etapa están las abejas que tienen entre uno y diez días. Principalmente se encargan de la limpieza de las celdas y del cuidado de las crías gracias a que sus glándulas alimenticias ya se han formado.
En la segunda etapa encontramos a las abejas con unos 10-20 días de vida, las que ya han desarrollado muy bien sus glándulas con las que generan lacera. Entre las tareas que desarrollan están la construcción, la repartición de alimentos, el amontonamiento de los almacenes de polen, la limpieza y la vigilancia.
En la tercera etapa nos encontramos abejas como yo, con más de 20 días de vida. Aquí nuestras principales funciones son la de recolectar polen, agua, néctar o propóleos.

Y por último se encuentran los zánganos, el moto masculino y los encargados de llevar el alimento de un lado al otro de la colmena. Además, también dan calorcito a las crías para ayudarles a nacer.
Si queréis saber más sobre mí y mis amigas no dejéis de pasaros por la sección MUNDO APÍCOLA en el DIARIO DE PACA.
Con cariño,
Paca

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